Dénia

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Dénia, donde tengo mis raíces.

martes, 21 de octubre de 2014

¿Competitividad, Sostenibilidad ó Supervivencia?

     
      En un entorno cambiante, en el que los altibajos en la economía y las fluctuaciones de los “mercados” marcan el devenir de países, organizaciones y familias, y en el que los entornos globalizados y cambiantes ajustan las clavijas a quienes siguen haciendo las cosas como se hacían antaño, se torna imprescindible la capacidad de adaptación, la creatividad, la innovación, la gestión de la incertidumbre y la velocidad de reacción. Pero, yo me pregunto, ¿realmente estamos (están) nuestras organizaciones, empresas, organismos públicos y demás entes inmersos en las relaciones comerciales del día a día preparad@s para los retos del tiempo que nos ha tocado vivir? ¿realmente tenemos las competencias, habilidades, conocimientos y carácter necesarios para afrontar con éxito la ardua labor de levantar nuestros entornos, nuestras comunidades y en último término nuestros países hacia el éxito, la competitividad y la balanza comercial positiva?

      Evidentemente cuando hablamos de empresas, de organismos y de gestión hablamos en términos económicos. No podemos obviar que el dinero no da la felicidad, pero ayuda, y que se puede gestionar con poco dinero, pero con más dinero se gestiona con más facilidad. Conseguir un equilibrio razonable y racional que nos permita el crecimiento sostenido de nuestras organizaciones es la clave para salir adelante y posicionarse en los puestos delanteros en los tiempos que corren.

    La pregunta del millón: ¿Cómo? La respuesta admite múltiples consideraciones, teorías, métodos y formas, aunque yo me voy a concentrar en aquello que considero más importante: Las personas. Para bien ó para mal, las personas que integran una organización son l@s responsables en último término de lo que sucede en ellas y con ellas. Su capacidad de gestión, de liderazgo, de trabajar en equipo, de análisis de situaciones, de fijar objetivos, de adaptación frente al cambio y de toma de decisiones, entre otras muchas competencias, determinan, sin lugar a duda las posibilidades de éxito ó de fracaso de la organización. Pensar en positivo, tener una visión, y marcar la hoja de ruta en esa dirección siendo capaces de dar soluciones a los problemas que sin duda surgirán en el transcurso del itinerario, son claves que predicen con un alto índice de fiabilidad el éxito ó el fracaso de la empresa.

     Respondiendo a la pregunta planteada en el título, si la dirección de la organización fija su objetivo en la supervivencia, muy probablemente perecerá en el camino, pues no es hoy en día un escenario apropiado para supervivientes sino para valientes. Aquellos que pongan sus miras en competir, en hacer las cosas mejor cada día con una actitud de mejora continua y ánimo emprendedor en cada pequeña tarea que realicen, pero a la vez siendo conscientes de los recursos con los que cuentan y de hacer un uso racional de ellos, son los que en el peor de los casos lograrán sobrevivir, pero que realmente están poniendo las semillas para el desarrollo sostenible y la ansiada competitividad que toda organización busca desde su nacimiento.

      El factor humano marca la diferencia.


jueves, 29 de mayo de 2014

El Liderazgo Intrapersonal: Tu Voz Interior


“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos estás en lo cierto” (Henry Ford, Fundador de la multinacional Ford Motor Company) ó como dijo Ralph Waldo Emerson, filósofo estadounidense del siglo XIX, “el pensamiento es la semilla de la acción”. Todo efecto tiene una causa, nada es casual, y nuestros pensamientos son los causantes directos de nuestras acciones y en gran medida del éxito ó el fracaso de todo aquello que emprendemos.

En el mundo de la alta competición, todo deportista compite siempre antes que con sus rivales, consigo mismo. Esa batalla interna se libra a base de pensamientos, lo que denominamos la voz interior, los autodiálogos. La capacidad del deportista para liderar ese proceso que se produce en el interior de su cabeza marcará la diferencia entre seguir ó abandonar, entre hacer un último esfuerzo ó rendirse, entre sacar fuerzas de flaqueza ó dejarse llevar.

Si analizamos nuestros pensamientos, fácilmente nos daremos cuenta de que están formados ni más ni menos que por palabras. Pensamos y razonamos a través de ellas. Las mismas que utiliza un buen líder para motivar ó un mal jefe para machacar a su equipo. Si atendemos a esta última analogía nos daremos cuenta de la importancia de escoger bien las palabras que utilizamos en nuestro diálogo interno. Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro no entiende de literatura, de matices; sencillamente funciona a través de conceptos puros. Si le propongo al lector de este artículo que NO piense en un elefante rosa, estoy seguro al 100% que en este mismo instante será exactamente en lo que está pensando… en un elefante rosa. Llevado a la mente del deportista, si su diálogo interior le da instrucciones como “NO puedo rendirme” ó “NO puedo fallar”, las palabras que resonarán en su cabeza una y otra vez no serán otras que rendirse y fallar, lo que aumenta exponencialmente las probabilidades de que termine haciendo alguna de esas dos cosas. Pensar en positivo, ó más bien, formular las órdenes a mi cerebro en positivo influirá decisivamente en las posibilidades de éxito. Por ejemplo, en lugar de pensar “no puedo rendirme”, pensar “voy a seguir”, “quiero ganar” ó cualquier otra sinonimia en positivo que se nos ocurra.

Para el deportista de élite, su liderazgo interior y el manejo de las emociones deben ser las piedras angulares en su preparación mental para alcanzar el éxito.