Dénia

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Dénia, donde tengo mis raíces.

lunes, 29 de junio de 2015

El mapa no es el territorio



      Esta es una de las grandes premisas básicas del Coaching, en general y del Coaching Deportivo en particular. El mapa no es el territorio. Desconozco el autor de la frase, aunque, sea quien sea, le doy todo el mérito por definirlo tan sencilla y claramente.

     La realidad son “territorios” que exploramos cada día. Muchos de ellos, que exploramos una y otra vez en nuestra vida cotidiana ó en la actividad deportiva. El ser humano, como parte fundamental de su evolución ha aprendido a adaptarse a esas realidades que se repiten constantemente adoptando patrones de pensamiento y en consecuencia de comportamiento. Esto, que a simple vista es una de las grandes ventajas evolutivas de nuestra especie sobre cualquier otra, también es uno de los grandes problemas a la hora de afrontar las situaciones que nos suceden.

     Si lo llevamos al terreno deportivo, cuando un jugador, pongamos por caso, de tenis, aprende (se acostumbra) a afrontar una circunstancia del juego, como puede ser un error, de una manera determinada, esa forma se convierte en su patrón de conducta ante esa situación. Por ejemplo, si el jugador, frustrado tras un fallo, grita, se enfada y se altera, lo más probable es que el siguiente punto no lo afronte con la concentración, activación, motivación e inteligencia que requiere, y ello le lleve a volver a cometer un error no forzado, lo que volverá a activar el mismo mecanismo de respuesta, llevándole a una espiral de fallos que ni él mismo sea capaz de explicar y/ó frenar. Si por el contrario, aprende a reaccionar de manera adaptativa al error, permitiéndose el mismo como parte del juego, corrigiendo la causa del fallo y animándose para hacerlo mejor el siguiente punto, es mucho más probable que el siguiente punto se afronte de manera idónea y por tanto sea más posible que lo pueda hacer bien.

     Como vemos, el “territorio” es el mismo, el fallo, sin embargo, el mapa que utilizamos para afrontarlo, no es igual en un supuesto ó el otro, y seguramente los resultados posteriores tampoco lo sean.

     Hacer consciente al deportista de cuáles son sus mapas mentales antes los territorios que se encuentra habitualmente y generar alternativas de respuesta útiles es una línea fundamental del trabajo del Coach Deportivo. Afianzar esos mapas conductuales también. ¿Qué mapa quieres para tu territorio?

jueves, 26 de febrero de 2015

El "autobusero" héroe

     Vaya por delante que utilizo el término incorrecto pero ampliamente extendido "autobusero" sin ánimo ni mucho menos despectivo, sino más bien otorgándole el respeto que me merece este servicio público.

     Hace unos días me encontraba en Valladolid, concretamente en Laguna de Duero, desplazado por trabajo, y me dirigí a tomar el autobús de conexión entre la mencionada localidad vallisoletana y Pucela. Hasta ahí nada fuera de lo común. Enfundado en mi chaquetón y bufanda para protegerme del intenso frío castellano, como otras veces, me dispuse a subir al bus y me sorprendió el primer detalle extraordinario de la tarde: "¡Buenas tardes!" Exclamó el autobusero con voz firme a la vez que amable y sonriente. Respondí cortés y ocupé mi asiento cerca del conductor. El conductor, siguió la misma mecánica una y otra vez para cada persona que entraba en el habitáculo. No importando si traían buena ó mala cara, si le miraban ó no ó si le respondían al saludo ó no. Uno por uno les dió las buena tardes con tono amable, alegre y cordial.

     Quizás si no reparamos en ello, nos pueda parecer lo más normal del mundo, pero dándole una vueltecita en nuestra cabeza nos daremos cuenta de que me encontré con un hecho realmente extraordinario. No por su dificultad, no por su complejidad, sino por la falta de costumbre de encontrar personas así. Y no hablo sólo de los autobuses, ú otros servicios públicos... que también.

     Extraordinario no es más que algo que está fuera (extra) de lo habitual (ordinario). Y esto para mí lo fue. ¿Cuántas veces entramos a un lugar y no nos dicen ni hola ó si nos lo dicen percibimos el tono triste y anodino de quien está hart@ de hacer lo que hace? ¿cuántas veces alguien nos transmite optimismo con el más mínimo gesto?... Lo dicho... extra-ordinario.

     Mientras reflexionaba acerca de aquello, no pude evitar seguir la conversación que inció el mencionado héroe con un pasajero al que por la confianza con la que hablaban entiendo que ya conocía de anteriores viajes. Éste, tratando de ser amable con el conductor le preguntó por cómo iba su día, y trató de empatizar con él haciéndole ver que entendía lo difícil que es tratar con la gente... a lo que el protagonista de este post, mi héroe, respondió sin perder ni por un momento la sonrisa que llevó todo el trayecto: "Doy gracias a la gente porque hacen mi jornada laboral más divertida". Ole sus hue... No era sólo una pose, ni una instrucción traída de algún curso ó manual de "atención al cliente" de esos que ocasionalmente suelo impartir yo... era una ACTITUD.

     Otro hecho extraordinario. Mi actitud determina la manera en la que interpreto la realidad, y no al contrario. La realidad no se elige, la actitud para afrontarla sí. Cuánta gente que ha pasado por mis cursos me ha dicho..."es que es muy difícil poner buena cara", "la gente es muy puñetera" ó "tu no sabes lo jod... que es trabajar atendiendo al público". Todos los trabajos, sin excepción, tienen cosas más agradables y otras menos, unas más difíciles y otras más fáciles. Eso es así. Limitarnos a hacer lo fácil, en mi opinión, tiene poco mérito; lo complicado, lo extraordinario... la heroicidad es hacer lo difícil... y para eso está la ACTITUD. Para hacer aquello que a priori nos cuesta más.

     Por ir terminando contaré mi última anécdota en el breve viaje de Laguna a Valladolid. En la parada anterior a la que iba a bajar yo, me acerqué a la puerta. El autobusero en lugar de cerrar de manera mecánica tuvo el detalle de girarse y preguntar amablemente si iba a bajar antes de cerrar. Otra muestra de que no era una pose. La actitud de servicio, de hacer bien el trabajo, de tratar bien a las personas (aunque a veces estas no nos correspondan como nos gustaría)... realmente extraordinario.

     Alguien dijo alguna vez que no podemos cambiar el mundo que nos rodea, la realidad en la que vivimos, la actitud de los demás. Discrepo. Con pequeños gestos, con pequeñas "heroicidades" como las que yo viví en esos 20 minutos se cambian actitudes, se provocan sonrisas y al final se ayuda a las personas a ser más felices... ¿os parece poco? A mí, en los tiempos que corren, me parece una auténtica heroicidad.

P.D.- Al día siguiente contando la anécdota a amig@s de la localidad, supieron a la primera a qué autobusero me refería. Lo extraordinario deja huella.

martes, 21 de octubre de 2014

¿Competitividad, Sostenibilidad ó Supervivencia?

     
      En un entorno cambiante, en el que los altibajos en la economía y las fluctuaciones de los “mercados” marcan el devenir de países, organizaciones y familias, y en el que los entornos globalizados y cambiantes ajustan las clavijas a quienes siguen haciendo las cosas como se hacían antaño, se torna imprescindible la capacidad de adaptación, la creatividad, la innovación, la gestión de la incertidumbre y la velocidad de reacción. Pero, yo me pregunto, ¿realmente estamos (están) nuestras organizaciones, empresas, organismos públicos y demás entes inmersos en las relaciones comerciales del día a día preparad@s para los retos del tiempo que nos ha tocado vivir? ¿realmente tenemos las competencias, habilidades, conocimientos y carácter necesarios para afrontar con éxito la ardua labor de levantar nuestros entornos, nuestras comunidades y en último término nuestros países hacia el éxito, la competitividad y la balanza comercial positiva?

      Evidentemente cuando hablamos de empresas, de organismos y de gestión hablamos en términos económicos. No podemos obviar que el dinero no da la felicidad, pero ayuda, y que se puede gestionar con poco dinero, pero con más dinero se gestiona con más facilidad. Conseguir un equilibrio razonable y racional que nos permita el crecimiento sostenido de nuestras organizaciones es la clave para salir adelante y posicionarse en los puestos delanteros en los tiempos que corren.

    La pregunta del millón: ¿Cómo? La respuesta admite múltiples consideraciones, teorías, métodos y formas, aunque yo me voy a concentrar en aquello que considero más importante: Las personas. Para bien ó para mal, las personas que integran una organización son l@s responsables en último término de lo que sucede en ellas y con ellas. Su capacidad de gestión, de liderazgo, de trabajar en equipo, de análisis de situaciones, de fijar objetivos, de adaptación frente al cambio y de toma de decisiones, entre otras muchas competencias, determinan, sin lugar a duda las posibilidades de éxito ó de fracaso de la organización. Pensar en positivo, tener una visión, y marcar la hoja de ruta en esa dirección siendo capaces de dar soluciones a los problemas que sin duda surgirán en el transcurso del itinerario, son claves que predicen con un alto índice de fiabilidad el éxito ó el fracaso de la empresa.

     Respondiendo a la pregunta planteada en el título, si la dirección de la organización fija su objetivo en la supervivencia, muy probablemente perecerá en el camino, pues no es hoy en día un escenario apropiado para supervivientes sino para valientes. Aquellos que pongan sus miras en competir, en hacer las cosas mejor cada día con una actitud de mejora continua y ánimo emprendedor en cada pequeña tarea que realicen, pero a la vez siendo conscientes de los recursos con los que cuentan y de hacer un uso racional de ellos, son los que en el peor de los casos lograrán sobrevivir, pero que realmente están poniendo las semillas para el desarrollo sostenible y la ansiada competitividad que toda organización busca desde su nacimiento.

      El factor humano marca la diferencia.


jueves, 29 de mayo de 2014

El Liderazgo Intrapersonal: Tu Voz Interior


“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos estás en lo cierto” (Henry Ford, Fundador de la multinacional Ford Motor Company) ó como dijo Ralph Waldo Emerson, filósofo estadounidense del siglo XIX, “el pensamiento es la semilla de la acción”. Todo efecto tiene una causa, nada es casual, y nuestros pensamientos son los causantes directos de nuestras acciones y en gran medida del éxito ó el fracaso de todo aquello que emprendemos.

En el mundo de la alta competición, todo deportista compite siempre antes que con sus rivales, consigo mismo. Esa batalla interna se libra a base de pensamientos, lo que denominamos la voz interior, los autodiálogos. La capacidad del deportista para liderar ese proceso que se produce en el interior de su cabeza marcará la diferencia entre seguir ó abandonar, entre hacer un último esfuerzo ó rendirse, entre sacar fuerzas de flaqueza ó dejarse llevar.

Si analizamos nuestros pensamientos, fácilmente nos daremos cuenta de que están formados ni más ni menos que por palabras. Pensamos y razonamos a través de ellas. Las mismas que utiliza un buen líder para motivar ó un mal jefe para machacar a su equipo. Si atendemos a esta última analogía nos daremos cuenta de la importancia de escoger bien las palabras que utilizamos en nuestro diálogo interno. Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro no entiende de literatura, de matices; sencillamente funciona a través de conceptos puros. Si le propongo al lector de este artículo que NO piense en un elefante rosa, estoy seguro al 100% que en este mismo instante será exactamente en lo que está pensando… en un elefante rosa. Llevado a la mente del deportista, si su diálogo interior le da instrucciones como “NO puedo rendirme” ó “NO puedo fallar”, las palabras que resonarán en su cabeza una y otra vez no serán otras que rendirse y fallar, lo que aumenta exponencialmente las probabilidades de que termine haciendo alguna de esas dos cosas. Pensar en positivo, ó más bien, formular las órdenes a mi cerebro en positivo influirá decisivamente en las posibilidades de éxito. Por ejemplo, en lugar de pensar “no puedo rendirme”, pensar “voy a seguir”, “quiero ganar” ó cualquier otra sinonimia en positivo que se nos ocurra.

Para el deportista de élite, su liderazgo interior y el manejo de las emociones deben ser las piedras angulares en su preparación mental para alcanzar el éxito.

lunes, 28 de mayo de 2012

Alea iacta est

La vida es una cuestión de probabilidad. Hace años llegué a esta conclusión. Pese a que lo mío no son las matemáticas, ni mucho menos, más bien todo lo contrario, cada vez estoy más convencido de esta afirmación. Y es que las cosas no suceden porque sí, de forma casual, aleatoria, por acción de la diosa fortuna.

Cierto es que el azar puro existe. Sin embargo la suerte se crea, se trabaja y se fomenta.
Todos conocemos personas que dicen tener suerte ó carecer de ella. Si nos paramos a pensar, ó más bien simplemente a hablar con unos y con otros, entenderemos por qué su vida es azarosa ó no lo es.

La persona "con suerte" se muestra segura, decidida, optimista, valiente, proactiva. Agradece a la vida todo lo que le ofrece y se siente afortunada con lo que tiene. La persona "sin suerte" te agota solamente escuchando su discurso autocompasivo, triste, cobarde, pesimista. Nunca siente dicha, por más que su vida sea plácida, y jamás agradece lo que día a día le ofrece la vida.

La suerte no es una cuestión únicamente de azar. Es una cuestión de probabilidad. Si compro 1 billete de lotería lo lógico es pensar que será más difícil que me toque que si compro 100... ó 1000... ó... ¿Me puede tocar comprando sólo una participación? Por supuesto, pero coincidiremos en que será hartamente más improbable. Desde luego el que no compre ni un billete puede empezar inmediatamente a maldecir su mala fortuna, porque seguro no le tocará.

La suerte se trabaja día tras día. La suerte es una actitud, pero no sólo eso. Es una forma de ser y también de comportarse. Es movimiento, es acción.

Está demostrado científicamente que las personas con una actitud positiva "detectan" con más facilidad las oportunidades que pasan por delante de ellas. Oportunidades que también pasan por delante de las personas negativas, pero que no son capaces de ver sumidas en su propia autocompasión.

Nuestro cerebro, esa maravillosa máquina, está programado para encontrar aquello en lo que pensamos. Quien quiera encontrar oportunidades sólo debe estar enfocado hacia ellas; quién no, pues que siga centrado en todas las cosas malas que le pasan y le seguirán pasando, porque nadie dijo que la vida fuera fácil... pero tampoco difícil. La vida hay que vivirla y no sólo pasar por ella.

Ya lo dijo Julio César al cruzar el rio Rubicón camino de su destino: alea iacta est... la suerte está echada. Sin embargo no estaba jugando a los dados, tenía muy claro lo que tenía que hacer para alcanzar sus metas. No es una cuestión de azar, de fortuna, de destino, es dirigirse con determinación hacia lo que uno quiere conseguir. Desearlo y trabajar duro para ello, sin desfallecer.

La suerte es de quienes la buscan. Recuerda que la vida es un cuestión de probabilidad, cuanto más juegues más opciones tendrás de ganar.

viernes, 20 de abril de 2012

En la mente del deportista

Seguro que todos hemos oído e incluso pronunciado comentarios como los siguientes con respecto a deportistas de élite: “le ha podido al presión”, “juega sin ganas”, “le tiene comida la moral”, “es demasiado agresivo en la pista”, “tiene la sangre de horchata”, “tiene miedo a ganar”… y un largo etcétera. Todas ellas referidas a aspectos psicológicos.
            Pues bien, la Psicología aplicada al deporte de alta competición es algo más complejo que eso. En la mente del deportista, al igual que en la de cualquier otra persona que realice una tarea compleja con cierto nivel de dificultad y con el fin de alcanzar un objetivo con un óptimo resultado, se suceden una serie de procesos mentales que determinarán en gran medida el éxito ó el fracaso en su consecución.
Al igual que en el ámbito técnico, táctico y físico, en el psicológico también existe un profesional específico que se encarga de la preparación mental del deportista: el Psicólogo Deportivo. En otras palabras, es el profesional preparado para trabajar la mente del deportista; es el miembro del cuadro técnico que dedicará sus esfuerzos a instruir al deportista en las habilidades, herramientas y técnicas necesarias para que rinda a su máximo nivel y desarrolle todo su potencial competitivo.
La Autoconfianza, la Motivación, el nivel de Activación, la adecuada gestión del Estrés y el foco de Atención/Concentración, son algunas de las variables que influyen en el Alto Rendimiento Deportivo. En gran medida el éxito del deportista dependerá de cómo gestione estos procesos y de su capacidad para superar sus creencias limitantes, bloqueos mentales, etc.
El grado de implicación del deportista, así como la incorporación a su rutina diaria de entrenamiento de la preparación mental, serán claves para que el trabajo dé sus frutos y se desarrollen las competencias mentales necesarias para el Alto Rendimiento Deportivo.
Cabe destacar y hacer hincapié en el término “preparación mental (ó psicológica)”; como su propio nombre indica, se trata de un entrenamiento (una práctica). A veces tendemos a pensar que el psicólogo tiene una “varita mágica” que convierte a jugadores desmotivados en motivados, irregulares en regulares, “blanditos” en “duros”. Nada más lejos de la realidad. Al igual que un preparador físico no puede hacer el trabajo del deportista, el psicólogo tampoco, pero al igual que el preparador, conoce las claves y directrices para acompañar y dirigir a su pupilo en su proceso de aprendizaje y entrenamiento mental.
            El Psicólogo Deportivo invierte tiempo en evaluar en primer lugar las necesidades específicas del deportista. De la misma manera que cada persona tiene un determinado metabolismo, complexión ó configuración muscular, también tiene unas características psicológicas específicas (popularmente, “cada persona es un mundo”). No vale el “café para todos”. El trabajo del entrenamiento psicológico se centrará en detectar necesidades para posteriormente definir los objetivos y el plan de acción para alcanzarlos. Cíclicamente se repetirá este proceso con el fin de ir adaptando la preparación según los progresos realizados y las metas alcanzadas.
            Un deportista no puede conseguir éxitos a largo plazo sólo gracias a su potente físico, ni a su excelente técnica, ni a su rigor táctico, ni a su mentalidad privilegiada. El deportista de éxito es el que comprende la necesidad de integrar todos estos aspectos en su preparación diaria, de rodearse de los profesionales adecuados en cada una de estas facetas y de trabajar duro para conseguir sus sueños.

jueves, 1 de marzo de 2012

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Seguro que los que sois amantes de los cómics ya habéis identificado de donde viene esta frase; los que no, os dejo con la curiosidad.

A mí estas palabras me sirven y me ayudan a solidificar mis valores, mis creencias y mi manera de ser. Quizás, ó más bien muy probablemente, ninguno de vosotros tenga poderes sobrenaturales... yo tampoco los tengo. Sin embargo también es cierto que todos tenemos más poder (ó poderes) de los que creemos. Esos poderes que se encierran en nuestra mente. Esas capacidades que nos abren camino ante las dificultades, que nos hacen sentir felicidad en determinados momentos, que nos hacen pasar miedo en otros y en definitiva, que nos sirven para vivir la vida.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad; el poder de pensar lo que quiero ser y hacer. El poder de elegir cómo quiero vivir mi vida, e incluso, cómo quiero sentirme (y digo bien, el poder se elegir cómo quiero vivir y cómo deseo sentirme). El poder de cambiar las cosas que no me gustan, aunque no lo hagamos en muchas ocasiones por el miedo a la incertidumbre que produce el cambio, ó por la comodidad de quedarnos en nuestra zona de confort mientras nos quejamos amargamente de cuan puñetera es nuestra mala suerte. Quizás realmente no esté tan mal, si no hago nada por cambiar.

Hoy y desde hace unas semanas, para mí, esta frase cobra un significado más especial y potente que nunca. Mi vida sigue proponiéndome retos y estoy seguro de tener el poder para hacerles frente y disfrutar de ellos.

¿Miedo? claro, cómo no, quien no lo tenga, ó no es humano ó padece una severa enfermedad mental.
¿Incertidumbre? por supuesto, quien no la sienta es que no es responsable de sus actos y no sabe que éstos tiene sus consecuencias, deseadas ó no.
¿Estrés? también, nos permite estar alerta y hacer frente a situaciones excepcionales.

El poder reside, entre otras cosas, en controlar el miedo, en gestionar la incertidumbre y en utilizar el estrés como herramienta de adaptación al cambio.

Se avecinan cambios en mi vida, provocados, deseados, pero no por ello menos inquietantes y retadores. Quiero vivirlos a tope, disfrutar de ellos, divertirme durante el camino.

Qué afortunados somos los seres humanos por tener ese gran poder... pero qué gran responsabilidad implica.